miércoles, 2 de noviembre de 2011

Conclusiones de las JMJ

Desde la Vocalía de Juventud se invita a todo aquel que quiera para que asista a la conclusión final de las JMJ. Como resumen de lo vivido este verano, y también de todo lo de estos meses atrás, queremos hacer un balance. Durante el año tuvimos una formación que nos ayudó a prepararnos mejor y tener una visión más cercana de lo que suponía este gran evento. Las catequesis nos ayudaron a sentir de una manera más profunda el significado de estas Jornadas de la Juventud.



El próximo jueves 3 de noviembre a las 20:45 h. tendrá lugar esta reunión entre hermanos. Todo el que venga podrá disfrutar de un rato de convivencia en el que mostraremos fotos de todos aquellos días que pasamos en Madrid, contaremos experiencias, cosas que pasaron, anécdotas,... Todos tenemos algo que aportar porque para cada uno las JMJ han supuesto algo diferente.Te esperamos.



martes, 1 de noviembre de 2011

el recuerdo de María Angustias Olmedilla (I)

La llegada de Jesús Despojado a la Colegiata de San Isidro




Muchos de vosotros no sabréis nada de cómo fue la llegada de Nuestro Titular y del resto de imágenes y enseres a Madrid y a la sede en la que nos quedaríamos durante diez días. Imagino que habéis visto alguna foto en internet; pero no os podéis hacer una idea de lo que realmente se vivió allí. Ya que tuve la enorme fortuna de poder vivirlo en primera persona, desde aquí os lo quiero contar a todos para que podáis saber, aunque sea un poquito, la magnitud de ese día. Es imposible narrar todas y cada una de las experiencias y momentos que se produjeron en la Colegiata e incluso en la calle. Esto solo es una parte porque hay cantidad de detalles, historias, circunstancia,… que vivimos y que para los que estuvimos allí, nunca se podrán borrar de nuestra mente ni de nuestro corazón. Pienso que a todos os gustará saber cómo se desarrolló esa jornada y esa es la razón que me llevó en su día a escribir esto. Espero que mi relato os haga sentir un poquito las mismas sensaciones que tuvimos aquel día en Madrid.
En Granada se despedía a Jesús Despojado y fueron muchos los que aquella noche se acercaron a despedirlo y a dejarle una última oración en San Emilio ante su Madre del Dulce Nombre. Sé que más de uno se emocionó y no era para menos...



Tras meses y meses de preparativos, llamadas, preocupaciones y miles de cosas, llegó el día en que Jesús Despojado dejaba Granada para ir a Madrid. Dicen que en la parroquia no se cabía y mira que faltó gente que no pudimos estar allí. Estábamos ante algo extraordinario. Jamás a ninguno de los que fundó esta Hermandad, ni a nadie, se les pasó por la cabeza que un hecho de este calibre se pudiera producir y mucho menos que nos iba a tocar de pleno y, encima, que todo esto nos estuviese pasando en nuestro 25 aniversario fundacional. Esta Hermandad es muy joven; pero tiene mucho criterio y sabe hacer las cosas con gusto. Hace más de un año y pico que nos embarcamos en esta aventura y no me arrepiento en absoluto. No sé si tuvimos más o menos críticas… Me da igual. La recompensa obtenida es tan grande que no me importa nada lo que pueda decir cualquiera, que seguramente, ni se ha molestado en saber nada de lo vivido en Madrid.



Atrás queda la madrugada en que Jesús Despojado ponía rumbo hacia la capital. Muchos corazones estaban inquietos ante lo que suponía un traslado de tal magnitud. En Madrid lo esperábamos con ganas. Mirabas la hora e intentabas imaginar lo que estaría sucediendo en Granada. Daba pena no poder presenciar esos momentos de Hermandad; pero ese sentimiento se compensaba al saber que por la mañana serías tu el que lo iba a recibir. Algo por dentro te hacía sentir que estábamos a punto de vivir grandes instantes en esos días que nos marcarían para siempre. Y no nos equivocábamos...



Los primeros rayos de luz le daban un color especial al alba del viernes. A esas horas, el incompleto grupo de priostía descansaba a la espera de la llegada del resto de componentes. Hubo tres personas del equipo que casi sin tiempo de despedir al Señor en Granada, cogieron un autobús camino a Madrid. A su llegada tuvieron a bien ir en busca de los demás y a tempranas horas de la mañana, con voces melodiosas y celestiales, hicieron de despertador para todos los que estábamos durmiendo.



Por fin el equipo estaba al completo. Granada llegaba a Madrid y en la Colegiata de San Isidro la priostía recibía el testigo. Hicimos nuestras todas esas oraciones, peticiones,… teniéndolo a Él como principio y fin de nuestro trabajo. Nos pusimos manos a la obra sabiendo que todo lo que nos aguardaba en esos días era un regalo de Dios que merecía la pena vivir. Parecerá una tontería; pero encontrarte en una ciudad que no conoces esperando que llegue el Señor y que de repente veas aparecer los camiones, me emocionó muchísimo. El sueño empezaba y había muchas ganas de vivirlo.



Instalarnos en la Colegiata no fue fácil. La bajada del paso era complicada y pese a la gran ayuda de la gente de la Hermandad del Gran Poder de Madrid, no quedó otra más que desmontar el cajón para poder moverlo. Allí estábamos, en plena calle Toledo, con la policía controlando el tráfico y no sé cuanta gente quitando tornillos sin parar. En ese momento, ni nos podíamos imaginar que entre destornilladores, taladros, tornillos y muchas botellas de agua, pudiera surgir una amistad tan grande entre nuestros hermanos de Madrid y la gente del Despojado.



Se trabajó en equipo a pesar de no conocernos y se trabajó muy bien y rápido. Hubo un momento de incredulidad extrema cuando en pleno desmontaje comenzó a llover… ¡Tuvimos que sacar el plástico! Menos mal que fueron cuatro gotas; pero para alguno supuso el diluvio universal. Vamos, que en pleno Agosto te llueva justo cuando el paso está casi sin tablones parecía de chiste. A más de uno se nos pasó por la cabeza que si las JMJ iban a ser como este comienzo con tantos inconvenientes aquello se nos iba a hacer muy largo; pero nada, las mayores dificultades se quedaron en esa mañana y a partir de ahí todo fue perfecto.



En cuestión de unas horas el paso estaba listo para entrar en la que sería su sede por unos días. Las chicotás no fueron las mejores que ha tenido este misterio; pero que nadie dude del corazón, esfuerzo, ganas, sentimiento,... de cada uno de los que iba debajo. A la gente que por un rato cogió el palo de este misterio, incluso aquellos que no pudieron por tener que irse a trabajar a pesar de estar allí desde las 10 de la mañana, GRACIAS. Para mí, alguien que va a ayudarte desinteresadamente, que al final no puede y que no deja de disculparse porque se tiene que ir, merece mi agradecimiento. Fue más de un costalero del Gran Poder y Esperanza Macarena los que me lo decían y mi respuesta siempre fue "que demasiado era lo que estaban haciendo por nosotros". Sé que para más de uno fue un placer, incluso un sueño, poder meterse en el paso y llevarlo hasta el crucero de la Colegiata. La actitud y predisposición de todos ellos fue un ejemplo de HERMANDAD y para los que veníamos de tan lejos, encontrarte tan bien acogido y con tanta ayuda nos hizo sentir en casa.



No hay palabras para explicar ciertos momentos, todavía no me los creo. Cómo explicar la entrada del paso en la Colegiata y verlo andar por el pasillo central. Cuando lo dejaron en el crucero, cómo se podía ver tan pequeño un misterio tan grande. Fueron instantes de emoción. Por fin, siendo casi la hora de comer del viernes 12 de Agosto, el misterio del Despojado estaba colocado en su sitio. Increíble.



Mientras que con el paso ocurría todo esto, el otro camión no se quedó atrás. Lo primero de todo, en cuanto se tuvo el lugar acondicionado en San Isidro, se trasladó al Señor. Impresionaba ver el cajón, da igual que no fuera la primera vez, lo seguía haciendo. Y en un abrir y cerrar de ojos, con la ayuda de todos, el camión se descargó. ¡Jamás olvidaré como iban llegando cajas a la sala que ocupábamos y cómo iba organizándolo todo! Aquí póstula, allí tulipas, al lado la cera, las varas ordenadas por clases,… Las virtudes (sibilas) fueron al columbario que allí estaban más fresquitas. Este sitio lo compartieron con maniquetas, esquinas, remates,… y los madroños y granadas muy bien extendidos para que no tuviesen tanta humedad. Con el Señor se dejaron el resto de imágenes. Por último, los tablones del cajón del paso se guardaron en otra sala, ¡cómo olvidar este lugar y los buenos momentos que pasamos allí! Además, lo fresquito que se estaba para pinchar la flor o lo que fuese. Vaya ratos de risas y reuniones que tuvimos allí. Llegó a ser nuestro refugio cuando no se podían dar muchas vueltas por la Colegiata ya fuera por misas u otras circunstancias…




La tarde pasó volando. Aún hoy me sorprendo de la velocidad con la que se montó el misterio. Todo iba bien y no era para menos. ¡Qué gran trabajo estaba haciendo mi equipo de priostía! Por mucho que la gente se lo intente imaginar, no creo que nadie pueda hacerse una idea del trabajo que se hizo. Solo los que lo vivimos y los que lo compartieron con nosotros in situ, sabemos el día tan duro y tenso que pasamos. ¡Qué orgullo de priostía! Llevamos tiempo trabajando juntos; pero el ejemplo de respeto hacia lo que se estaba haciendo, el buen hacer de cada uno de ellos,... fue espectacular. Gente en la que confiar a ciegas.



Momentos de intimidad hubo y fueron muy intensos y emocionantes. Reunido el equipo de priostía se abrió el cajón del Señor. Cuando lo ví… se hizo el silencio en mi interior. Volver a tenerlo frente a frente me hizo sentir en casa. En el fondo de mí sabía que las JMJ y todo lo que suponía ir a Madrid valía la pena; pero en aquel momento supe que todo lo que me había imaginado, que no era poco, se quedaba corto al comprobar todo lo bueno, que en tan pocas horas, estábamos viviendo. La primera oración ante Él fue especial. El Padrenuestro que se rezó iba cargado de muchas ilusiones, deseos, peticiones, esperanzas, agradecimientos,… Tal recogimiento emocionaba. Y tras nosotros, el primer encuentro entre Jesús Despojado y nuestros hermanos del Gran Poder. Yo no puedo expresar lo que ellos sintieron, aunque me hago una leve idea. Lo que sí sé es que no dejó indiferente a ninguno de ellos. De la mayoría, aún ni me sabía sus nombres, ni siquiera había cruzado una palabra; pero eso era lo de menos viendo la actitud y el grandísimo respeto que mostraron ante Él. No es que no me lo esperase, todo lo contrario; pero el clima que se creó era impresionante.



El día tuvo su punto culmen cuando hubo que subir a su paso de misterio a Jesús Despojado y a María Magdalena. Yo no sé las veces que habré podido ver ese momento; pero aquel día sentí algo nuevo. A mi alrededor ví caras de emoción, caras que reflejaban un sentimiento muy profundo. Jesús Despojado caló, y muy hondo, en el corazón de los que allí estaban. No podré olvidar las miradas de algunos de ellos ni tampoco los comentarios que nos hacían.



Y este día dio para mucho, mucho más. Un día muy duro, de mucho esfuerzo que se compensó con la satisfacción plena de ver el trabajo bien hecho, con gusto, respeto, sabiendo trabajar en equipo y humildad. En la memoria quedan recuerdos, anécdotas, comentarios, historias, personas,... pero sobretodo, queda el CARIÑO. Cómo agradecer tanto a nuestra gente de Madrid, a nuestros hermanos y amigos que se volcaron con unos recién llegados. Su casa fue nuestra casa y ahora somos una familia.

martes, 25 de octubre de 2011

El recuerdo de Anabel Robles

Aún recuerdo el momento, estábamos en Sevilla; Dionisio y Juan me contaban la noticia “Nos vamos a Madrid a las JMJ 2011”.




Nuestros ojos se mezclaban llenos de emoción, miedo, alegría e ilusión. El Señor llegaba a la casa de su creador, de las manos que lo esculpió. Quizás haya sido el momento más especial para mí, hacía como dos años que no lo veía, y venía a estar más cerca de mí, a Sevilla.

Después llegó un momento apoteósico en Molviedro, la fusión entre la hermandad de Sevilla y la de Granada engrandecía el término “hermandad”, fue una explosión de sentimientos encontrados, todo era amabilidad, elogios, y generosidad.

Y llegó el momento de partir, mi Señor volvía a San Emilio…caminaba por las calles de Sevilla con lágrimas en los ojos, me tenía que volver a resignar, como lo hice hace tres años cuando dejé Granada.



Desde entonces he sido una anfitriona de mi Hermandad en mi tierra, contaba a los cuatro vientos el acontecimiento cristiano del año y alardeaba de mi Señor Despojado. No paraba de pensar la dura labor que le quedaba por delante a la Hermandad, a un grupo de personas, a la que le tengo que agradecer la dedicación tan maravillosa y constante a los hermanos que estamos lejos, a los que nos han mimado y a los que nos han tenido al día con todas las novedades, todos los detalles, los cultos, etc.



Tengo que reconocer que la imagen del misterio en Madrid me superó, me embriagaba tanta emoción contenida tantos años en la distancia… ver al mayor representante de Cristo en Granada, al presidente de la Federación de Hermandades, a toda la Junta Directiva y a todas las personas que os acompañó me hacía sentir lo que jamás había sentido, se han invertido los términos desde ese día del Vía Crucis, yo no había elegido a la Hermandad del Despojado, era el Señor Despojado el que me había elegido a mí.



Sin lugar a dudas la JMJ 2011 han marcado un antes y un después para los cristianos, para todos los jóvenes en estos tiempos de hastío, unas jornadas celebradas en Madrid con una onda expansiva a nivel turístico que llegará a Granada de la mano de la Hermandad del Despojado (músicos, costaleros, voluntarios, etc.). ¿Será el trampolín para conseguir una Semana Santa más completa?, ¿Será el momento donde las administraciones deban plantearse cuestiones dejadas sobre la mesa? Ojala la Semana Santa de Granada a parir de este acontecimiento, tenga la relevancia que se merece.



Permitidme hacer mención a tres personas muy especiales en mi sentir Despojado, Álvaro Fernández que me animó a pasarme por San Emilio, a mi padrino Alfonso que me enseñó a entender y a vivir la Semana Santa granadina y a Juan (Parroquias) que siempre contó conmigo y que ha hecho posible que esta llama esté cada vez más encendida. Sin ellos nada de lo que siento, sería posible.



Qué orgullosa de ser Despojada, qué privilegiada el día que mi Padrino Alfonso me apadrinaba en San Emilio, qué honra llevar el término “cartujana” grabado ya para siempre en mi mente y en mi alma.



Recibid un abrazo desde la Costa de la Luz.

martes, 18 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

El recuerdo de Alberto Medina

MI RECUERDO…….




Una vez que nos podemos alejar física y temporalmente del marco de las JMJ para observar todo con una mayor amplitud que enriquezca la perspectiva del conjunto se me hace difícil poder extraer de mi memoria un único elemento que describiera esta experiencia sin precedentes. El traslado y llegada al Paseo Recoletos, el Vía Crucis con su Santidad o incluso el tardío regreso por el Madrid más castizo podría servir de instantánea que lo recapitulara, pero aún haciendo el esfuerzo no consigo encajarlo como el resumen de la peregrinación.



Posiblemente esta carencia de síntesis iconográfica no sea perjudicial ni contraproducente. Al contrario, puede ser un hecho positivo que, mientras pienso en estas líneas, necesitemos algo más que instantáneas de la satisfacción más inmediata para proporcionar una mayor robustez al mensaje que hemos aportado como Hermandad durante el mes de Agosto.



Y precisamente este mensaje es el que de una forma etérea deba ser la referencia de nuestra ardua aventura en Madrid. ¿Por qué? Porque desde la más fiel convicción de miembro activo en el seno de nuestra Iglesia, la sacramental de Jesús Despojado supo transmitir una serie de valores sociales y fraternos que sin duda debe ser referencia en el siglo XXI. Durante nuestra larga de semana de estancia en la Real Colegiata de San Isidro pudimos contemplar que nuestro potencial como instrumento calaba profundamente entre los peregrinos y madrileños que inundaban la amplía nave de la antigua Catedral de Madrid. Sin más aspavientos que el prestarnos como emisarios de las peticiones depositadas frente al paso de Misterio, más de 3000 personas legaron sus ansiedades y anhelos en una humilde caja de taracea con la única pretensión de estar a los pies de nuestro Titular cuando su Santidad recorriese en Papamóvil los escasos metros del Despojo de Jesús en la tarde del día 19. Este puente de Fe que comunicaba la ilusión de esas miles de personas es lo básico de nuestro compromiso y que debe ser reflejo de nuestro papel como mediador entre Cristo y su Iglesia. Este papel que no buscaba el afán protagonista dentro de las JMJ es el que realmente desempeñamos y del que especialmente me siento orgulloso, ratificándome interiormente como miembro de esta corporación. A pesar de los intensos días, la realidad que tal vez podemos extraer de la presencia de la hermandad de Jesús Despojado en Madrid fue la de llevar Esperanza a todos cuantos de una forma u otra se acercaron a nuestro Titular porque interiormente percibieron algo que les empujaba a hacerlo.



 
Pero por otro lado, no podemos caer en la autocomplacencia y pensar que todos los congregados durante esas tardes se sintieron atraídos por una abstracta necesidad. No debemos renegar de nuestra condición y admitir que un componente determinante a la hora transmitir este mensaje por parte de las hermandades es la belleza estética. Este hecho es sin duda en potente elemento a nuestra disposición que cumplió su cometido gracias en gran medida a la laboriosa preparación por parte de nuestros hermanos priostes y vestidores que hicieron lo imposible para que todo encajara cual composición artística..



Y en un plano más personal son precisamente los momentos derivados de esta preparación algunos de los que de forma más material también atesoro con gran cariño en mi interior. El momento de entrar en la Colegiata con nuestro paso repleto de plásticos y embalajes de mudanza, el traslado nocturno y subida al paso de Nuestro Titular entre nuestros anfitriones y hermanos del Gran Poder y por supuesto la mágica noche del sábado 20 de Agosto cuando en la capilla reservada al titular madrileño cargado con la Cruz, Jesús Despojado y María Magdalena eran colocados en su interior para regocijo de todo aquel que al día siguiente se acercada a la dominical Eucaristía y que sin duda favoreció de una manera muy particular a profundizar en el interior de tantos y tantos admiradores.




Momentos sin duda de mucho trabajo, ilusión y convivencia que sirvieron cual pilares del testimonio de compromiso para ser enlace entre hermanos, peregrinos y fieles que proyectaban sus pensamientos más personales en Jesús Despojado.




Este es mi particular resumen de la participación en Madrid, que no es otro que servimos para lo que desde un principio fuimos concebidos, y que tal vez sea la verdadera grandeza que debamos explotar en el seno de nuestra hermandad.



Alberto Medina-Auñón - HJD.