martes, 25 de octubre de 2011

El recuerdo de Anabel Robles

Aún recuerdo el momento, estábamos en Sevilla; Dionisio y Juan me contaban la noticia “Nos vamos a Madrid a las JMJ 2011”.




Nuestros ojos se mezclaban llenos de emoción, miedo, alegría e ilusión. El Señor llegaba a la casa de su creador, de las manos que lo esculpió. Quizás haya sido el momento más especial para mí, hacía como dos años que no lo veía, y venía a estar más cerca de mí, a Sevilla.

Después llegó un momento apoteósico en Molviedro, la fusión entre la hermandad de Sevilla y la de Granada engrandecía el término “hermandad”, fue una explosión de sentimientos encontrados, todo era amabilidad, elogios, y generosidad.

Y llegó el momento de partir, mi Señor volvía a San Emilio…caminaba por las calles de Sevilla con lágrimas en los ojos, me tenía que volver a resignar, como lo hice hace tres años cuando dejé Granada.



Desde entonces he sido una anfitriona de mi Hermandad en mi tierra, contaba a los cuatro vientos el acontecimiento cristiano del año y alardeaba de mi Señor Despojado. No paraba de pensar la dura labor que le quedaba por delante a la Hermandad, a un grupo de personas, a la que le tengo que agradecer la dedicación tan maravillosa y constante a los hermanos que estamos lejos, a los que nos han mimado y a los que nos han tenido al día con todas las novedades, todos los detalles, los cultos, etc.



Tengo que reconocer que la imagen del misterio en Madrid me superó, me embriagaba tanta emoción contenida tantos años en la distancia… ver al mayor representante de Cristo en Granada, al presidente de la Federación de Hermandades, a toda la Junta Directiva y a todas las personas que os acompañó me hacía sentir lo que jamás había sentido, se han invertido los términos desde ese día del Vía Crucis, yo no había elegido a la Hermandad del Despojado, era el Señor Despojado el que me había elegido a mí.



Sin lugar a dudas la JMJ 2011 han marcado un antes y un después para los cristianos, para todos los jóvenes en estos tiempos de hastío, unas jornadas celebradas en Madrid con una onda expansiva a nivel turístico que llegará a Granada de la mano de la Hermandad del Despojado (músicos, costaleros, voluntarios, etc.). ¿Será el trampolín para conseguir una Semana Santa más completa?, ¿Será el momento donde las administraciones deban plantearse cuestiones dejadas sobre la mesa? Ojala la Semana Santa de Granada a parir de este acontecimiento, tenga la relevancia que se merece.



Permitidme hacer mención a tres personas muy especiales en mi sentir Despojado, Álvaro Fernández que me animó a pasarme por San Emilio, a mi padrino Alfonso que me enseñó a entender y a vivir la Semana Santa granadina y a Juan (Parroquias) que siempre contó conmigo y que ha hecho posible que esta llama esté cada vez más encendida. Sin ellos nada de lo que siento, sería posible.



Qué orgullosa de ser Despojada, qué privilegiada el día que mi Padrino Alfonso me apadrinaba en San Emilio, qué honra llevar el término “cartujana” grabado ya para siempre en mi mente y en mi alma.



Recibid un abrazo desde la Costa de la Luz.

martes, 11 de octubre de 2011

El recuerdo de Alberto Medina

MI RECUERDO…….




Una vez que nos podemos alejar física y temporalmente del marco de las JMJ para observar todo con una mayor amplitud que enriquezca la perspectiva del conjunto se me hace difícil poder extraer de mi memoria un único elemento que describiera esta experiencia sin precedentes. El traslado y llegada al Paseo Recoletos, el Vía Crucis con su Santidad o incluso el tardío regreso por el Madrid más castizo podría servir de instantánea que lo recapitulara, pero aún haciendo el esfuerzo no consigo encajarlo como el resumen de la peregrinación.



Posiblemente esta carencia de síntesis iconográfica no sea perjudicial ni contraproducente. Al contrario, puede ser un hecho positivo que, mientras pienso en estas líneas, necesitemos algo más que instantáneas de la satisfacción más inmediata para proporcionar una mayor robustez al mensaje que hemos aportado como Hermandad durante el mes de Agosto.



Y precisamente este mensaje es el que de una forma etérea deba ser la referencia de nuestra ardua aventura en Madrid. ¿Por qué? Porque desde la más fiel convicción de miembro activo en el seno de nuestra Iglesia, la sacramental de Jesús Despojado supo transmitir una serie de valores sociales y fraternos que sin duda debe ser referencia en el siglo XXI. Durante nuestra larga de semana de estancia en la Real Colegiata de San Isidro pudimos contemplar que nuestro potencial como instrumento calaba profundamente entre los peregrinos y madrileños que inundaban la amplía nave de la antigua Catedral de Madrid. Sin más aspavientos que el prestarnos como emisarios de las peticiones depositadas frente al paso de Misterio, más de 3000 personas legaron sus ansiedades y anhelos en una humilde caja de taracea con la única pretensión de estar a los pies de nuestro Titular cuando su Santidad recorriese en Papamóvil los escasos metros del Despojo de Jesús en la tarde del día 19. Este puente de Fe que comunicaba la ilusión de esas miles de personas es lo básico de nuestro compromiso y que debe ser reflejo de nuestro papel como mediador entre Cristo y su Iglesia. Este papel que no buscaba el afán protagonista dentro de las JMJ es el que realmente desempeñamos y del que especialmente me siento orgulloso, ratificándome interiormente como miembro de esta corporación. A pesar de los intensos días, la realidad que tal vez podemos extraer de la presencia de la hermandad de Jesús Despojado en Madrid fue la de llevar Esperanza a todos cuantos de una forma u otra se acercaron a nuestro Titular porque interiormente percibieron algo que les empujaba a hacerlo.



 
Pero por otro lado, no podemos caer en la autocomplacencia y pensar que todos los congregados durante esas tardes se sintieron atraídos por una abstracta necesidad. No debemos renegar de nuestra condición y admitir que un componente determinante a la hora transmitir este mensaje por parte de las hermandades es la belleza estética. Este hecho es sin duda en potente elemento a nuestra disposición que cumplió su cometido gracias en gran medida a la laboriosa preparación por parte de nuestros hermanos priostes y vestidores que hicieron lo imposible para que todo encajara cual composición artística..



Y en un plano más personal son precisamente los momentos derivados de esta preparación algunos de los que de forma más material también atesoro con gran cariño en mi interior. El momento de entrar en la Colegiata con nuestro paso repleto de plásticos y embalajes de mudanza, el traslado nocturno y subida al paso de Nuestro Titular entre nuestros anfitriones y hermanos del Gran Poder y por supuesto la mágica noche del sábado 20 de Agosto cuando en la capilla reservada al titular madrileño cargado con la Cruz, Jesús Despojado y María Magdalena eran colocados en su interior para regocijo de todo aquel que al día siguiente se acercada a la dominical Eucaristía y que sin duda favoreció de una manera muy particular a profundizar en el interior de tantos y tantos admiradores.




Momentos sin duda de mucho trabajo, ilusión y convivencia que sirvieron cual pilares del testimonio de compromiso para ser enlace entre hermanos, peregrinos y fieles que proyectaban sus pensamientos más personales en Jesús Despojado.




Este es mi particular resumen de la participación en Madrid, que no es otro que servimos para lo que desde un principio fuimos concebidos, y que tal vez sea la verdadera grandeza que debamos explotar en el seno de nuestra hermandad.



Alberto Medina-Auñón - HJD.